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Los Sueños DesdeLa Antigüedad

Hasta Jung (cont.)

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Según Kelsey otro factor que influyó en conducir hacia una visión negativa de los sueños en el cristianismo medieval y renacentista fue el hecho de que se desarrolló una obsesión con los demonios, tanto entre los católicos como entre los reformadores protestantes. Según este autor a tal extremo llegó esta obsesión que muchos pensaban que durante el sueño nos aguardan, en palabras de Martín Lutero “millones de demonios, listos para lanzar el infierno entero hacia nuestros corazones”. De hecho, se sabe que Lutero oraba para que Dios le hiciera olvidar sus sueños para así no tener que decidir si estos provenían de Dios o del Diablo.  Bajo la influencia de este tipo de creencia no es de extrañar que muchas personas comenzaran a buscar la forma de suprimir sus sueños, y evitaran contarlos o compartirlos aún con sus familiares o con sus mejores amistades.  Esto podía ser incluso cuestión de vida o muerte ya que los sueños podían ser utilizados para determinar si una persona tenía pensamientos “castos” o “lujuriosos”. Un sueño erótico o “lujurioso” podía ocasionar que una persona fuera quemada en la hoguera (esto era especialmente cierto en el caso de las mujeres) si los líderes religiosos determinaban que durante dicho sueño ésta había tenido relaciones sexuales con el Diablo.  De este modo la vida onírica de las personas se vio invadida por la censura religiosa y se convirtió en víctima del  miedo de algunos líderes religiosos a la sexualidad.

En períodos posteriores, cuando la influencia y autoridad de la Iglesia comienza a disminuir, son los filósofos, entre los que se destacan René Descartes y Thomas Hobbes, los que comienzan a interesarse por el fenómeno de los sueños.  Otros que se interesaron en el sueño y que contribuyeron al caudal de especulaciones sobre esta temática fueron los grandes literatos.  Como ejemplo podemos señalar a William Shakespeare el gran escritor inglés de finales del siglo 13 y comienzos del 14.  En una de sus principales obras Shakespeare pone a su personaje principal, Hamlet, a considerar el parecido entre el sueño y la muerte, reflejando así una de las teorías más arraigadas de la época.

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